Inés

07.11.2024

¿Alguna vez has tenido una terrible sensación de vivir el mismo día una y otra vez? Como un recuerdo distante, extraño, incluso molesto, en el que sabes lo que pasara en cuestión de segundos o minutos.

Pues así es como me siento a ratos. Son ciertos momentos que de inicio parecen casuales y orgánicos, pero que esconden un recuerdo de un mal pasado. Supongo que a todos nos ha pasado al menos una vez en la vida. 

De cualquier forma, hace unos días organice una enorme fiesta en mi casa, para celebrar mi cumpleaños. Al igual que el Gran Gatsby en su mansión, muchísimos desconocidos bebían de mi alcohol y se bañaban en mi piscina. Observaba todas esas caras, algunas jóvenes y otras maduras disfrutar de la velada, pero yo no, yo permanecía alerta, atento. Mis ojos recorrían las extasiadas caras buscando en ellas los únicos ojos que me importaban.

"Seguramente no vendrá" pensaba, refiriéndome a Inés, la chica que conocí hace dos noches, en mi nuevo concierto aquí en N.Y. Ella es asistente de sonido y se dio la afortunada casualidad en la que pude observarla minutos antes de entrar al escenario. La verdad es que, aunque no lo aparente, siempre estoy nervioso antes de empezar a cantar. Tanto que me bebo un litro entero de cerveza previo al espectáculo. 

Me disponía a beber mi "pócima de valor" cuando de pronto la vi… creo que ni siquiera bebiendo uno o dos litros de cerveza habría tenido el valor para acercarme a ella en ese brillante instante. Fue solo un momento, pero nuestros ojos hicieron contacto por unos segundos, en los que ni todas las luces ni la multitud estruendosa, fueron capaces de robarle el protagonismo a nuestras miradas. 

Al final, no bebi la cerveza. La adrenalina que se inyecto en mi cuerpo a través de mis ojos desvelados, pero ahora despiertos, me dieron la mayor fuerza para dar uno de los mejores conciertos en toda mi carrera, tanto que si fuera el ultimo que hiciera, seguramente sería el mejor. 

Al terminar la función me acerque a ella. Creo que tampoco se esperaba que quisiera conocerla. Rápidamente pude hacerme una idea de su personalidad. Era una mezcla entre la sencillez y el orgullo, entre la timidez y la picardía. Jamás podría describirla y descifrarla y esto era lo que mas me intrigaba, lo que hacia que me pusiera nervioso y excitado a la vez. Y después estaba su cara, el pelo oscuro y la piel muy blanca. Esta mujer era contrastes en todos los sentidos que culminaban en una hermosa experiencia visual. 

Lo primero que se me ocurrió fue invitarla a mi fiesta, la cual se festejaría en dos días. Hablamos por un rato y por primera vez en mucho tiempo sentí una naturalidad extraña, tanto que me asustaba. Nos despedimos, pero antes de irse, ella se giró hacia mí y me confeso que no sabia si seria buena idea. Decía que conocía a los hombres como yo y lo débil de nuestras promesas. Yo le intente manifestar que en verdad la quería conocer, pero no se fue muy convencida. Sin embargo, accedió a presentarse en mi tan esperada celebración. 

Aquí estaba yo, con los ojos bien abiertos y rodeado de amistades y desconocidos, pero Inés no estaba. Los que se decían llamar mis "amigos" me decían que la olvidara, que esa mujer era demasiado ingenua y casta. Creo que fue después de la quinta copa en la que mi otro yo, el valentón y divertido yo, empezó a escuchar sus voces en mi cabeza. Debieron de notar la confusión en mi rostro, así que uno a uno, fueron presentándome a mujeres tan diferentes pero todas ejemplos de extraordinaria belleza. 

Cuando menos me entere, me encontraba besándome con una, después con otra, y una más. En uno de estos momentos de euforia, mis ojos hicieron contacto con lo de Inés, quien estaba a una distancia algo lejana. Pude observar la tristeza y decepción impregnados en su rostro. Yo sonreía de vergüenza, pero ella simplemente se dio la media vuelta y se fue. 

Mis "amigos" me dijeron que no la persiguiera. Brazos femeninos y delicados me rodearon y me regresaron a la atmosfera de la diversión. Después de un rato me fui con una mujer. La subí a mi auto y conduje por la carretera en la noche lluviosa. Ella me hablaba, pero yo no la escuchaba. Por el contrario, me encontraba dialogando en el interior de mi cabeza. Me decía tantas cosas desagradables y verdaderas hacia mi propia persona y esto me enojaba y hacía que acelerara el auto más y más, como si estuviera retrasado para llegar a algún lugar. 

Pero había una sensación de recuerdo en todo esto, una sensación de haberlo experimentado antes y en mas de una ocasión. Era extraño, muy extraño. Seguí acelerando hasta que una luz cegadora invadió mis ojos y después … nada. 

Despierto con el corazón acelerado y lleno de sudor. Hoy tengo un concierto en N.Y muy importante y en dos días es mi cumpleaños. De camino al camerino conocí por accidente a una mujer como ninguna, fue solo un momento, pero conversamos de una manera tan fluida y agradable, y esto me emociono. De verdad me gusta esta chica, se llama Inés y la invite a mi cumpleaños.

 De verdad espero volver a verla...

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